domingo, 2 de agosto de 2009

El otro día

Estando ahí me di cuenta que la gente sentía curiosidad por mí. Al principio no entendía porqué, se acercaban, sonreían, alargaban sus manos para estrecharlas con las mías. Tenía hambre y eso me ponía ansioso. Una pequeña niña se acercó y me sonrió; yo trate de devolver el gesto lo mejor que pude y ella quedó feliz con mi mueca y le fué a contar feliz a su mamá que estaba en la otra orilla. Me sorprende que yo sintiéndome tan poco produzca ese efecto; para mí (lo tengo claro) es solo mi trabajo, consigo con eso mi alimento y eso es todo. Pasado el rato se acercó una pareja, ella (guapa) le dice algo a su novio al oído y los dos se rien mientras miran mi entrepierna, ella se quedó mirando un rato más, mientras sutílmente se mordía el labio inferior. Al rato por fín llegó alguién a ofrecerme algo para comer, un par de frutas, supuse que estaba bien, era mi trabajo.

Me rasqué, me fuí atrás a esconder un rato. Se apagaron las luces, la gente se fué. Antes de dormir recordé aquellos árboles inmensos que me cobijaban en aquella jungla infinita. Se acercó el encargado y me dijo "Duérmete simio apestoso, mañana el zoologico abre mas temprano"

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